bilbao. Se quitó el traje del talante. El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, abandonó ayer las buenas palabras y no se ahorró descalificaciones a la propuesta de acuerdo que le remitió la semana pasada el lehendakari Ibarretxe. La tildó de "ocurrencia". Dijo de ella que "no es una propuesta institucional, de un gobierno". La calificó como "un programa de una ponencia de un partido político". Y añadió que "ni siquiera es asumible dentro de una categoría política de las que son habituales en un Estado descentralizado, compuesto, federal". Después de desprenderse del talante, clarificó cuál es su oferta para Euskadi. La única que tiene. La única que aceptará: el desarrollo del Estatuto de Gernika, que treinta años después de su aprobación sigue sin cumplirse íntegramente.
Durante la primera sesión celebrada en esta legislatura en el Senado, el presidente español no se dejó ni una crítica en el tintero acerca de una propuesta que el lehendakari asegura está abierta y que él, en cambio, ve como un contrato cerrado. "Me mandó un contrato de adhesión en dos folios, donde el encabezamiento ya daba por supuesto un teórico acuerdo entre el lehendakari y el presidente del Gobierno", aseguró Zapatero. Y añadió que "no sabe cómo denominar ni dónde encajar" esa iniciativa, si bien a renglón seguido la calificó de "ocurrencia, un programa de una ponencia de un partido político". Lo hizo obviando que se sustenta en un documento, el malogrado acuerdo de Loiola, que su Ejecutivo y su propio partido -incluido el PSE- estuvieron dispuestos a firmar.
de pacto y estatuto Con esas duras críticas contestaba el presidente español al senador jeltzale Joseba Zubia, quien reclamó a Zapatero que hiciera de la normalización política en Euskadi una cuestión central en la agenda política. Y le ofreció diálogo y acuerdo. "Su señoría sabe perfectamente lo que nosotros queremos: negociación, no imposición. Queremos un pacto hecho desde la igualdad, la bilateralidad y el respeto; un acuerdo blindado para que no pueda ser incumplido como el vigente Estatuto". Además, sentó las bases de lo que puede ser no ya ese acuerdo, sino la solución al conflicto político vasco: el pleno desarrollo de todas las opciones políticas, acordar un marco que satisfaga los distintos sentimientos de pertenencia y "relativizar algunos dogmas tradicionales del Derecho Público, concebidos para territorios con fronteras, soberanías únicas y ciudadanías monolíticas".
Lo que Zubia encontró fue algo muy diferente a lo que propuso al presidente español. Diferente y que constituye una respuesta no sólo a sus palabras, sino también al ofrecimiento del lehendakari. Porque Zapatero aclaró definitivamente qué le dirá a Ibarretxe el día 20: "Le pediré que reconvenga su posición hacia una posición de entendimiento y desarrollo de algo que ha funcionado bastante bien, que es el Estatuto de Gernika". Y volvió a exhibir su talante para decir que no se le puede acusar de cerrar la puerta cuando ha recibido ocho veces al lehendakari -con prácticamente ningún resultado- y cuando está "abierto a las reformas de autogobierno". Unas reformas que, aclaró, "tienen que tener un cauce previsible, razonable, respetuoso con los trámites legales y constitucionales".
Así, volvió a ofrecer el desarrollo del Estatuto de Gernika, para afirmar que no entiende que "el jefe del Gobierno vasco les dé tan poco valor a sus instituciones". Además, recordó que el lehendakari ya le presentó "su plan, el llamado nuevo estatuto político y no voy a volver a él". "Trabajar para mejorar sí, aventuras, ninguna", reiteró, pasando por alto que la tramitación de ese nuevo estatuto ya se realizó en su día cumpliendo escrupulosamente lo marcado en el ordenamiento jurídico y la Constitución. Zapatero concluyó volviendo a exigir el acuerdo previo entre los partidos políticos vascos que propugna el PSE. |