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Koldo Fernández de Larrea, al fondo, observa, el descorche de alegría de Cavendish. Foto: efe |
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"Si no puedes, ¿para qué te metes?"
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El del High Road es el tercer británico que logra un triunfo de etapa en el Giro tras Robert Millar y Vin Denson.
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Alain Laiseka
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Bilbao. Sprint minimalista. Diez ciclistas. Los supervivientes de la guillotina diaria. Una caída espeluznante a 800 metros. Asfalto rojo. Sangre. El grupo lo abre bajo la pancarta de meta la sonrisa desaforada del británico Mark Cavendish, que dejaba a su estela gestos de indiferencia, serios. Hasta ocho. Derrotados, sin más. El noveno era una mueca de desaprobación. Rabia que encendía la mirada de Koldo Fernández de Larrea al chocar contra el arco iris. "Si no tienes piernas, ¿para qué te metes?", le increpaba el alavés a Bettini sobre la meta de Catanzaro. El italiano le respondía con otra pregunta, que a Koldo le empieza a sonar familiar: "¿Pero tú estás loco?", le inquiría y le explicaba que no entendía cómo pretendía entrar por un hueco de apenas 20 centímetros que separaba su cuerpo de la valla. El de Zuiano, meditaba. "¿Para tanto es? ¿Tanto las monto?", se interrogaba. Y le venía a la cabeza el primer sprint del Giro, en el que apunto estuvo de derribar a Hayman con el codo. Él, claro, no se dio cuenta, pero por la tarde se lo contaron desde Bilbao. Al teléfono: "Casi tiras a un Rabobank". Ocurre que Koldo no es consciente de ello. Se abstrae. Le guía su instinto. En meta, nunca recuerda lo que ha pasado. "No te sé explicar por qué, pero no me acuerdo de nada". Amnesia parcial. Un hueco vacío de 5 kilómetros en el que sólo cabe una obsesión: ganar. "Quizás sea que sólo pienso en vencer".
Ayer tampoco lo hizo. Más lejos que la víspera. Décimo. Otra vez desesperado por no encontrar la fórmula para rematar el trabajo en la antesala del último kilómetro (brillante ayer el de todo el equipo Euskaltel). "Lo ideal, claro, es meterse a rueda de Bennati, pero, ¿cómo llego hasta allí?". A 600 metros de la meta de Catanzaro su pelea era con Bettini. El arco iris no le dejaba hueco. Koldo se frustró. Y sin embargo, hubiese bastado con pedírselo. Se lo dijo Bettini después de la discusión de meta, cuando el campeón del mundo se acercó al autobús de Euskaltel-Euskadi para seguir hablando con Koldo, más pausado: "La próxima vez pídemelo, que te dejo hueco". Koldo le miraba incrédulo, sin saber que el arco iris no mentía. Lo había hecho esa misma tarde, a 3 kilómetros de meta, cuando Mark Cavendish remaba agobiado contra el viento. Buscando un hueco donde respirar. Se lo negaron los chicos del Liquigas, y los de Tinkoff, y los del Milram... Hasta que se le abrió el arco iris. "Se lo agradezco de veras", dijo el ciclista de las Islas Man, hijo, como Bradley Wiggins o Geraint Thomas, del programa británico conocido como World Class Performance Plan (WCPP) que dirige desde la base de operaciones del velódromo de Manchester Peter Keen, ex preparador de Chris Boardman. Ahora llegan los frutos: la de Cavendish es la tercera victoria británica en la historia del Giro, tras las de Vin Denson (1966) y Robert Millar (1987). |
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