ES una carrera contra el tiempo. El día después del devastador terremoto, aún quedaban miles de personas debajo de los escombros de sus casas, escuelas y fábricas derruídas. Los socorristas no logran atravesar las calles que llevan a las montañas de la prefectura Aba, donde se encontró el epicentro. Grandes escombros, aludes de barro y deslizamientos impiden el acceso. Médicos, socorristas y soldados emprenden el camino a pie. A través de un teléfono satelital, el jefe del partido del distrito cercado de Wenchuan, Wang Bin, pide ayuda al mundo exterior: "Necesitamos urgentemente tiendas, alimentos, medicamentos y comunicación satelital que deberán ser lanzados desde el aire". Muchas personas están heridas. "Necesitamos personal médico para salvar a los heridos".
Por la noche, el jefe de gobierno Wen Jiabao, que había visitado la ciudad de Dujiangyan, pidió celeridad: "Las personas están atrapadas bajo los escombros, debemos aprovechar cada segundo". Frente a la escuela media de Juyuan, reducida a escombros, se encuentran los cadáveres de los niños envueltos en plástico, informaron medios chinos.
"Ya eran las 2.00 de la mañana. Los socorristas buscaban víctimas con sus linteras... el aire olía a sangre, y el suelo estaba teñido de rojo", contó una testigo en internet. "Cada vez que sacaban un cuerpo los padres corrían hasta allí para identificar al niño... dado que las caras de muchos de los niños eran ya irreconocibles, los identificaban por el color de sus medias o el largo de las uñas de sus dedos".
Una y otra vez se sienten réplicas fuertes de 6,1 grados en la escala de Richter que despiertan el recuerdo del terremoto destructor de 7,8 grados. Un superviviente contó desde Wenchuan: "Vi cómo un pueblo que se encontraba sobre una ladera fue sepultado por el alud desatado por el seísmo". "Muchos coches en las calles fueron barridos o alcanzados por enormes rocas", señaló a la agencia de noticias oficial Xinhua.
Los medios estatales informan con detalle sobre la catástrofe. Incluso los periodistas extranjeros, que sufrieron varias restricciones para informar acerca de las manifestaciones de los tibetanos, pudieron viajar sin problemas a la zona del sismo. Las fuerzas de seguridad los dejan pasar en los retenes con su carnet de periodistas y contestan a las preguntas. "Es una forma de trabajar completamente nueva", confesó un corresponsal.
Los sapos lo presintieron Una historia increíble comenzó a circular: al parecer, los sapos presintieron el seísmo. Cientos de miles comenzaron a emigrar dos días antes de la ciudad de Mianzhu, a apenas 60 kilómetros del epicentro. En las calles, los coches pisaron a los sapos que huían. Los medios chinos citaron a un habitante de la zona que aseguró no haber visto nunca antes una migración tal de sapos. Un día antes, a casi 1.000 kilómetros, en la provincia costera de Jiangsu, decenas de miles de sapos poblaron la ciudad de Taizhou. Los funcionarios de la ciudad atribuyeron este comportamiento atípico de los animales al clima. "Desafortunadamente nadie toma en cuenta la advertencia de los sapos", comentó en sus páginas el diario China Daily. |